lunes, enero 24, 2005

 

Nuestra Dualidad

Tal como sucede con todos los ámbitos de lo que nos rodea, el ser humano también se ve sometido a la paradoja de la dualidad. De la misma forma que existe el día y la noche, la tempestad y la calma, el amor y el odio y así ad-infinitum, en todos nosotros anidan la luz y la oscuridad que se alternan en su influencia y nos sorprenden constantemente por su aparición incontrolada, al margen de nuestra voluntad.
Cuantas veces estamos tan tranquilos y, por una nimiedad, nos asalta un súbito arrebato de malhumor que tanto desconcierta a quien está a nuestro lado como a nosotros mismos. ¿A qué puede ser debido? Nuestro interior es como una cocina en permanente actividad donde macera y se va cociendo todo lo que nos acontece. A menudo, las emociones y sensaciones con las que nos vamos topando, no resultan ingredientes demasiado apropiados; el guiso se nos indigesta y, en el momento que menos esperamos, nos repite en forma de exabrupto o salida destemplada.
Todas las personas, incluidas las más serenas y sensatas, están sujetas a los efectos de esta dualidad que nos conforma y nos sitúa en el mismo nivel de todo lo que existe. En nosotros conviven lo positivo y lo negativo; la sensatez y la locura; la grandeza y la mezquindad. La razón que puede explicar esta aparente incongruencia es que si no hubiera contrastes no podríamos apreciar la realidad. Así podemos decir que tenemos calor porque lo comparamos con el frío que también hemos sentido o que estamos contentos porque sabemos de la tristeza...
¿Ineludible alternativa? Eso parece y no resulta tan indeseable si pensamos en la ayuda que nos proporciona en la evaluación de nuestro diario vivir. Si lo vemos como una herramienta de viaje, podremos ir tomando las decisiones oportunas, al ser conscientes del proceso que nos sirve de guía y efectuar las correcciones de rumbo necesarias, tal como lo hace un marino que surca los mares sometido a las fuerzas de la naturaleza y va adaptando su navegación para mantener la ruta prevista.
Cada uno de nosotros está formado por aspectos de luz y sombra. Aceptar nuestra dualidad, sin rechazar ninguna faceta, nos pone en el camino correcto para efectuar con provecho nuestro paso por esta vida y sacar de ella las lecciones que hemos venido a aprender.

Con respeto, de vuestro amigo, Jovian Alanda

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