viernes, enero 21, 2005
El Camino
La vida está llena de caminos y senderos; cualquiera es bueno para nuestro paso. Todos llevan a alguna parte y en todas partes encontramos belleza y cosas por aprender. No se trata de circular por un camino determinado, sino que ese camino sea “nuestro camino”, en el que podamos encontrar los frutos adecuados para nuestro cuerpo y nuestro espíritu.
Muchos son los que se sienten atraídos por caminos renombrados, sea el Camino de Santiago o el París-Dakar, por hablar sólo de dos de las rutas más conocidas y de ámbitos bien distintos. Puede ser que en ellos encuentren lo que anhelan o puede que en ellos encuentren la inspiración necesaria para reconocer su propio camino. Recordemos al poeta: “caminante, no hay camino, se hace camino al andar...” Es nuestro paso el que constituye el camino y no al revés.
Cuando la inquietud existencial nos invade, nos agarramos a opciones de “eficacia probada” o, cuando menos, que ofrezcan unas expectativas razonables de proporcionarnos lo que andamos buscando, si es que sabemos, a ciencia cierta, lo que buscamos.
Para empezar, vale la pena mirar para adentro, en lugar de desviar nuestra atención hacia el exterior. Hasta que no salga de nosotros el impulso adecuado, la orientación precisa que dé respuesta a nuestra desazón, serán en vano todos los pasos que demos y todos los caminos que recorramos.
Hemos de sincerarnos y escuchar muy atentos lo que nos dice nuestro corazón: Qué es lo que realmente más nos gusta hacer, lo que más nos atrae, y lanzarnos en pos de ello. Sólo así, sólo al ponernos en marcha movidos por el motivo auténtico que emana de nuestro interior, sentiremos la satisfacción de sabernos en la buena senda, en nuestra propia senda.
Una vez tomada la decisión, podemos estar seguros que no nos faltará la guía y el apoyo en el camino emprendido. Al desprendernos de prejuicios y fardos inútiles, avanzamos ligeros y abiertos, lo que nos hace plenamente intuitivos y receptivos a todo lo que nos rodea. Con esta confianza, todo lo que necesitamos saber se nos revela y todo aquello de lo que precisamos nos llega, en el momento oportuno y de la forma más adecuada.
Vuestro amigo: jovianalanda@hotmail.com
Muchos son los que se sienten atraídos por caminos renombrados, sea el Camino de Santiago o el París-Dakar, por hablar sólo de dos de las rutas más conocidas y de ámbitos bien distintos. Puede ser que en ellos encuentren lo que anhelan o puede que en ellos encuentren la inspiración necesaria para reconocer su propio camino. Recordemos al poeta: “caminante, no hay camino, se hace camino al andar...” Es nuestro paso el que constituye el camino y no al revés.
Cuando la inquietud existencial nos invade, nos agarramos a opciones de “eficacia probada” o, cuando menos, que ofrezcan unas expectativas razonables de proporcionarnos lo que andamos buscando, si es que sabemos, a ciencia cierta, lo que buscamos.
Para empezar, vale la pena mirar para adentro, en lugar de desviar nuestra atención hacia el exterior. Hasta que no salga de nosotros el impulso adecuado, la orientación precisa que dé respuesta a nuestra desazón, serán en vano todos los pasos que demos y todos los caminos que recorramos.
Hemos de sincerarnos y escuchar muy atentos lo que nos dice nuestro corazón: Qué es lo que realmente más nos gusta hacer, lo que más nos atrae, y lanzarnos en pos de ello. Sólo así, sólo al ponernos en marcha movidos por el motivo auténtico que emana de nuestro interior, sentiremos la satisfacción de sabernos en la buena senda, en nuestra propia senda.
Una vez tomada la decisión, podemos estar seguros que no nos faltará la guía y el apoyo en el camino emprendido. Al desprendernos de prejuicios y fardos inútiles, avanzamos ligeros y abiertos, lo que nos hace plenamente intuitivos y receptivos a todo lo que nos rodea. Con esta confianza, todo lo que necesitamos saber se nos revela y todo aquello de lo que precisamos nos llega, en el momento oportuno y de la forma más adecuada.
Vuestro amigo: jovianalanda@hotmail.com